Reflexiones atopicas DeLaQueDiario - Sobre la corrupción

Negamos que la corrupción sea tal en la sociedad. La corrupción existe en los cadáveres, en las frutas…, pero no en la sociedad. Que la gente se quede con dinero que no merece es lo cotidiano, por tanto, la norma; luego, si es la norma, ¿dónde está la corrupción?

No conocemos a nadie educado para despreciar el dinero, de hecho, las palabras “triunfo” y “dinero” están tan estrechamente relacionadas que a veces cuesta distinguirlas.

En un principio, el dinero fue creado para facilitar los cambios, de modo que no era imprescindible el transporte de algunos bienes y facilitaba el intercambio de servicios. Ha sido un buen método para cambiar unas cosas por otras, unos objetos por servicios, unos servicios por deseos… En el inicio esto solucionaba los problemas porque aquel que merecía mucho (¿trabajaba?) tenía mucho, y el que merecía poco tenía poco, lo cual, en principio, no se aparta en absoluto de la idea de justicia. Con el paso del tiempo, el dinero se fue alejando del mérito y aquellos que trabajaban (¿producían?) fueron teniendo menos dinero y los que no producían fueron atesorando el dinero de los que sí lo hacían, mediante cambios injustos en los que ellos no hacían, a veces, ni siquiera de intermediarios. Ese fue el origen de la primera corrupción por dinero.

Es decir, el dinero en la actualidad no es paralelo a los méritos de su posesor, prácticamente en ningún caso. Incluso los propios métodos sociales hacen e inventan concatenadores de dinero ajeno. Ejemplo: un deportista de éxito, un cantante, un actor… dicen que “produce”; craso error: quien produce es el propio sistema, que hace que miles de personas compren la misma cosa; los acontecimientos los realiza un individuo una vez y es abonado, a través del sistema, millones de veces por millones de individuos. Un ejemplo contrario: la siembra de patatas es un acto del que se aprovechan muchas personas, pero en concreto quienes las “cambian” reciben una única remuneración por las patatas vendidas.

Convencidos como estamos de la estrecha relación entre corrupción y dinero, creemos que el dinero está obsoleto y, como nos gusta ofrecer alternativas, apuntamos algunas que podrían paliar en alguna medida el asunto.

Desde luego, no queremos prescindir del dinero, es más, queremos que retome sus primitivas cualidades, que sirva para lo que fue creado, es decir, para intercambiar unos productos y servicios por otros de más o menos mismo valor. Como los servicios y productos cambian con el paso del tiempo, no debería permitirse el acopio nada más que de productos “provisionables”. El dinero no debería ser atesorable, los productos y servicios sí.

Otra cuestión serían las propiedades. No es moral la posesión de cualquier cosa que no se utilice nunca, de la misma manera que no es moral que alguien posea cincuenta casas y que millones de personas no tengan ninguna, extensión hecha a los terrenos. El mundo no es de nadie en particular, aunque no lo parece en absoluto y su reparto se corresponde casi paralelamente con el del dinero, no con los merecimientos.

Unas medidas utópicas serían:

  • Eliminar los intercambios de dinero por dinero
  • Introducir la fecha de caducidad en el dinero; de esta forma se evitaría el atesoramiento y se agilizarían todo tipo de intercambios
  • Eliminar la base física del dinero de forma que sea imposible su transporte sin el consiguiente intercambio
  • No pagar por trabajar, es decir, no remunerar al trabajador, es decir, eliminar el trabajo como tal

(Cada uno de estos puntos requieren próximas reflexiones atópicas)

Todas estas medidas, como hemos dicho, son utópicas, y la propia definición de utopía las hace imposible, pero, como en la famosa cita, si bien la perfección no se puede conseguir, el no tender hacia ella es de necios. Los cambios de cualquier aspecto, máxime los de índole social, si son bruscos son tan injustos como traumáticos. ¿Cuál es la forma de cambiar la sociedad? Sencillamente, sin que ésta se entere; dicho de otra forma, todo cambio ha de ser tan leve como el paso del tiempo en las manecillas del reloj, si te quedas fijo mirando no ves que se mueven, pero el tiempo pasa igualmente.