DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas - Machos y hembras

Resulta terriblemente manida la pregunta de qué fue primero, el huevo o la gallina, que todavía muchos casi pensantes suelen hacer en un tono más o menos jocoso. La solución es tan simple que resulta vergonzosa la respuesta, y no hace falta acudir a Darwin. Los primeros seres vivos unicelulares y protozoos (por cierto, el huevo es, de alguna manera, una célula grande) fueron evolucionando progresivamente… ¿Evolucionando?, ¿cuándo comenzó la evolución? Está harto probado que la partenogénesis fue el primer sistema reproductivo, es decir, los hijos eran igual que las madres, perdón, las hijas eran igual que las madres, las nietas igual que las abuelas. Los seres no necesitaban ningún contacto sexual y eran consecutivamente iguales que sus antecesores. Fue necesario un accidente, una alteración, un, por decirlo de alguna forma, error para que apareciese un elemento diferenciador. Este elemento innecesario, casi patológico, podría definirse aproximadamente como “macho”, algo tan inútil que en aquellos momentos no servía para nada, una alteración genética absolutamente prescindible. Luego, ¿qué interés tiene o qué puede aportar este denominado “macho”? Única y sencillamente aporta el error, aporta un mensaje genético lo suficientemente erróneo como para que las hijas no sean igual que las madres. Esto, más allá del propio error, lleva a un mundo de nuevas mutaciones, a un mundo tan lleno de error en las copias que cada copia es única y distinta.

Otro elemento que deja claro lo prescindible del macho se sigue dando en algunos animales más evolucionados. Es obvio que la partenogénesis aún se produce en animales muy simples (y no tan simples), pero existen otros fenómenos que proclaman la imprescindibilidad femenina frente al escaso papel en este sentido del macho. Así es que muchos grupos de animales cuando no tienen machos los crean, por ejemplo, en ciertas especies de peces en periodos de ausencia prolongada de machos y número elevado de hembras, alguna de ellas se transforma en macho para solventar el problema. El caso inverso, al menos nosotros no lo conocemos, sin embargo sí conocemos muchos más ejemplos parecidos al anterior.

Con estas premisas queremos más o menos incidir en lo innecesario del macho. El macho en sí, necesario, necesario no es. Ahora bien, ¿es necesario el lujo?, ¿sería posible para el ser humano llevar una vida únicamente con lo necesario? Más allá de la propia existencia deberemos también ir más allá de la preponderancia de uno u otro sexo. Hemos pasado de épocas terriblemente machistas a épocas absurdamente feministas, hemos enfrentado a los sexos tan estúpidamente que tal vez se nos ha olvidado disfrutar de las diferencias. Hoy están tan difuminadas las características sexuales, que hay hombres que parecen mujeres y mujeres que parecen hombres, y está bien, pero está muchísimo mejor que las mujeres se parezcan a mujeres y los hombres se parezcan a hombres.

No se trata de la supremacía de nadie, se trata de gozar, utilizar, conocer y, sobre todo, aprovecharse de las diferencias, no clasificar a los sexos por escalones. Ante cualquier pregunta de supuestas habilidades de género se responde por conveniencia social “los dos igual” y no es ni debe ser así. ¿Quién es más fuerte? Salvo excepciones, casi siempre el hombre; ¿quién es más inteligente? Las inteligencias no hay inteligencia que las pueda comparar. Los tópicos respecto a discriminaciones por sexo hacen que las mujeres quieran ir al ejército; nosotros no queremos que vayan ni siquiera los hombres.

El que existan leyes diferenciadoras respecto al sexo es siempre aberrante, tanto para lo positivo como para lo negativo, no existe la discriminación positiva, puesto que como su nombre indica, discrimina positiva o negativamente a alguien; en este caso debido a la tendencia alta y falsamente feminista, siempre perjudica al hombre. Políticamente los gobiernos presumen de defender la paridad, no hay cosa más tonta y menos natural que fijarse en el sexo de nuestros políticos. La propia defensa de la paridad proclama taimadamente la inferioridad femenina, puesto que si hay que defender es que realmente se piensa que necesita defensa.

El machismo es una tendencia que inculcaron las madres a sus hijos, nunca los padres. El feminismo es una caricatura del machismo que inculcan también las madres a sus hijas. No suelen darse otros casos, por ejemplo, que las madres o los padres inculquen feminismo a sus hijos varones. A día de hoy debería resultar tan anacrónico y estúpido hablar del machismo y feminismo como al principio de nuestra reflexión hablar del huevo y la gallina.