Reflexiones atopicas DeLaQueDiario - La mentira

La memoria es una propiedad individual que cuando se convierte en colectiva se llama historia. En las dos versiones siempre es mentira. Nuestros recuerdos se van “redibujando” a través del tiempo, y aquello que recordamos no aconteció tal cual. Si aislamos durante unos años a dos individuos que hayan vivido la misma experiencia y los volvemos a juntar sin que la hayan rememorado juntos durante el tiempo de aislamiento, observamos que al cotejar las historias siempre aparecen diferencias.

La famosa frase de Campoamor “nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” es bastante cierta, pero sería igualmente cierta en la versión “todo es mentira independientemente del cristal con que se mira”. Incluso el propio presente conlleva tales diferencias de apreciación que ya en el mismo instante son erróneas. La pasión es el mayor difuminador de la verdad. Pongamos un ejemplo: Un partido de fútbol entre dos equipos de máxima rivalidad, pongamos Madrid-Barça, contemplémoslo en un local público con aficionados de los dos bandos y además algún observador al que no le guste el fútbol. ¿Cómo sabríamos la verdad de lo que está ocurriendo en el campo? Sin duda, la versión más exacta, pese a las nuevas tecnologías (multitud de cámaras, posibilidades de repetición…), sería la del espectador al que no le gusta el fútbol, por la sencilla razón de que la pasión no le ciega.

Si esto ocurre en tiempo real, imaginemos las mentiras que tiene nuestra propia vida, de la cual somos parte protagonista e involucrada. La pasión nos vuelve a cegar pese a ser testigos de primera fila. Las distorsiones que relatamos son evidentemente mayores una vez que el tiempo aleja los hechos y las historias (la “historia”). Quien cuente la historia siempre será parte interesada de una o de otra manera y, por tanto, parte distorsionadora.

En otro orden de cosas, creemos que la verdad está sobrevalorada, aun sabiendo que no existe y, por otra parte y en el mismo sentido, está desprestigiada la mentira, aun sabiendo que es la esencia de la vida. Es más, ¿Por qué no nos dedicamos a embellecer nuestras mentiras? La mentira es una de las cosas que merece la pena en la vida.

Observemos algunas verdades: La enfermedad, la muerte, el dolor, incluso la infelicidad. Observemos algunas mentiras: El Quijote, Las Meninas, todo el arte…, la felicidad, el amor. La seducción es textualmente la forma de conseguir algo mediante el engaño.

Llamamos mentiroso a aquel que narra los hechos como no pasaron, aun sabiendo él mismo que no pasaron así. Esta acepción es correcta. También confundimos al mentiroso con el traidor o con el falso. Abogamos por el mentiroso sincero, aquel que embellece las cosas porque realmente las ve así. Y no confundimos al sincero malévolo que ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio.

En definitiva, embellezcamos la vida y ensalcemos la simple sinceridad, utilicemos la pasión únicamente en defensa ajena. En definitiva, ya que la mentira es omnímoda, utilicemos únicamente su parte más hermosa.