Reflexiones atopicas DeLaQueDiario - el pudor

Si hubiera que elegir un sentimiento atópico, posiblemente el pudor estaría ocupando pódium. Es un sentimiento que no está emparentado con la moral, pero desde la distancia puede modificarla, de tal manera que la ausencia de éste conlleva la ausencia de aquella.

El pudor no es exclusivamente humano, puesto que los animales, a su manera, sobre todo las especies más próximas a nosotros, también lo tienen.

La parte más visible del pudor seguramente es la que conecta con el sexo. En este sentido el macho humano es de los pocos que lleva su miembro completamente visible en caso de desnudez. Tal vez por este motivo, entre otros, el pudor y la vestimenta tengan una relación tan intensa. Nos preguntamos ¿es necesario el pudor? Rotundamente sí. La sensación de pudor actualmente está tan difuminada y ha disminuido tan drásticamente que a veces dudamos de que algunas personas lo tengan. El pudor es excelente y ayuda a respetar al prójimo; tanto la vergüenza propia como la ajena son los mejores sustitutos de lo que en algunas religiones se llama conciencia. La propia excitación sexual mejora cuando los individuos poseen un cierto grado de pudor.

En los medios de comunicación se siguen vidas, ultrajes o comportamientos que en otros tiempos se verían aberrantes. Hay a quien, con tal de salir por televisión o en cualquier otro medio, no le importa lucir sus miserias, y nos referimos en este caso a las morales. La fama tiene para ellos bastante más valor que la dignidad.

En ningún caso vamos a ser defensores de las personas pudorosas; definitivamente el pudor no debe mandar en el individuo, pero, desde luego, siempre nos encontraremos con mejor gente entre los pudorosos que entre los impúdicos.

Tiene el pudor muy mala prensa y, desde luego, tal vez por un efecto péndulo, se ha pasado del exceso a la ausencia y ninguno de los dos extremos son recomendables. El exceso porque socava el amor propio y desdibuja el mínimo ego, despojando al individuo de su individualidad y de todo el atractivo inherente a su personalidad pueda. El defecto porque introduce a la persona en la masa, pero no en cualquier parte de la masa, sino en la parte más grotesca e infame de ésta, en el propio excremento.

Estamos configurados para tener unos comportamientos diferentes en público y en privado. Esto es artificioso, pero la artificialidad es la parte más humana del propio humano. Evidentemente no es vergonzoso cagar, pero es rotundamente más estético hacerlo en privado. No obstante, este tipo de pudor es más bien estético, el más importante es el moral. Lo penoso de un ladrón sería que no le diese vergüenza robar, aparte de las precauciones propias de la cuestión legal.

Medidas utópicas:

Ante la evidente disminución del pudor en la sociedad proponemos la recuperación del pudor a través del amor propio, esto es, el fomento del egoísmo como una cuestión de servicio público. Proponemos el egoísmo para utilización de nuestro prójimo: toda acción negativa está penalizada de una forma u otra por la propia sociedad; ejemplos: cuando los niños suspenden siente más temor por la reacción de sus padres que por vergüenza; en los desengaños amorosos el abandonado –y este es un ejemplo contrario- siente a veces más vergüenza por los demás, que pesar por el amor perdido.

Nuestra propuesta de recuperación del pudor va encaminada a la recuperación de un pudor moderado, un pudor en su justo sitio al servicio de su propio poseedor, de forma que, como antiguamente se decía, éste no sea un sinvergüenza (por cierto, hace mucho tiempo que este insulto ha dejado de funcionar como tal). Con el pudor se recuperaría en muchos casos la palabra, con lo que representa en beneficio para el prójimo: promesas cumplidas, mejoría en el progreso, puntualidad, tranquilidad, intimidad real, publicidad exacta…

Creemos que es tan importante la medida del pudor que en próximas reflexiones volverá a estar presente, y en esta misma hemos obviado algunos ejemplos debido precisamente a la vergüenza ajena.