DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas- Los Expertos

¿Por qué los expertos son tan poco expertos? Tal vez sea porque hacen honor a la etimología de la palabra y son exactamente “ex peritos”, es decir, han dejado de serlo. El problema es que algunos, si no la mayoría, se han erigido en expertos a la primera, es decir, sin haber sido antes peritos. Una persona sólo suele ser experta, y esta vez sin ironía, en lo que le atañe a sí mismo y, sin embargo, por desgracia, los expertos son, la mayoría de las veces, expertos en lo que nos atañe a los demás, en contra, como siempre, de la lógica y de aquel sabio principio del “sólo sé que no sé nada”.

Todos los departamentos tildados de importantes en distintos estamentos de la sociedad y, en mayor o menor medida, aquellos con ciertos aromas culturales, están más o menos dirigidos por supuestos expertos y cuando no es así es aún peor, puesto que algunos cargos políticos tienen los suficientes asesores como para hacer equipos de expertos.

El experto, más que otra cosa, es osado, osado cuando no irrespetuoso, y decimos irrespetuoso por no llamarlo sencillamente caradura. No porque carezca de la información necesaria, que también, sino porque son expertos precisamente en eso, en ser expertos, es decir, en arrimar el ascua a su sardina.

Pondremos algunos ejemplos.

Los edificios del prerrománico asturiano están siendo restaurados con unos criterios, más que históricos, “cuentistas”, alegando, también por ejemplo, que no podrían ser techados con teja árabe por anacronismo, con lo cual deberían haber estado techados con tégola romana, puesto que en algunas excavaciones se han encontrado restos de teja plana. La solución de ellos es techarlos con moderna teja mixta, o sea, ni una cosa ni la otra, una imitación de ambas con un efecto estético deleznablemente contemporáneo al que se suma el estado impoluto de estas en contraste con el deterioro propio de la vejez en el resto del edificio. Tradicionalmente en las construcciones antiguas los materiales que se usaban eran siempre muy próximos, y era raro que las tejeras estuviesen muy lejos de los edificios; las tejas romanas presentaban una diferencia plausible entre canal y cobija, efectivamente siendo la canal plana y la cobija exactamente igual que la teja árabe. Es obvio que todas las tejas se hacían a mano y por eso presentaban diferencias entre ellas, puesto que su molde era un bastidor burdo de madera y un apoyo les otorgaba la curva, luego otorgar el nombre de teja árabe a la teja curva ya es en sí una afirmación en cualquier caso dudosa. En segundo lugar, tradicionalmente las tejas canales fueron cerrándose, puesto que los bordes de la tégola plana eran más difíciles de hacer que una curvatura ligeramente superior, garantizando además mayor estanqueidad. Es decir, las canales siempre fueron más abiertas que las cobijas y eso no es que lo diga la historia, eso lo dice la lógica. Las “llávanas” o piedras, y no nos referimos a la pizarra, que también, se utilizaron a modo de tégolas e incluso combinadas con tejas. La gente siempre techó con lo que tenía a mano y ahora se sigue haciendo lo mismo, sólo que la mano responde a expertos con intereses particulares. El tejado, especialmente en Asturias, debido a sus continuos cambios de altura, es una pieza muy visible de las casas; si una casa presenta un tejado inapropiado, se ve casi tanto como el resto de la estructura. Además, todos los ayuntamientos tienen alguna disposición dictaminada por los expertos que indica de forma absolutamente arbitraria e incongruente el tipo de tejado que según su criterio se debe poner en cada zona, simplemente porque lo dicen ellos.

El hombre es el único animal que no necesita la experiencia en carne propia, tenemos una historia y las experiencias nos las dan la propia historia. El conocimiento del hombre hace que no necesite tirarse de un séptimo piso para saber si se mata o no, es decir, está basado en experiencias ajenas, pero nunca debe tomarse la propia como argumento para nada.

Otro ejemplo puede ser el de los economistas, que intentan “arreglar” la crisis que ellos mismos han creado y pronosticado, como siempre, a posteriori. Es tan difícil que un economista acierte en sus predicciones, que casi ninguno de ellos está entre los más ricos del mundo.

En el mundo del arte también hay muchos expertos, todos ellos nos recuerdan al famoso cuento de Andersen (El traje nuevo del emperador) en el que todos veían el supuesto traje.

Hoy hay expertos en análisis político, periodismo de investigación, gastronomía (especialmente en vinos), arte, críticos de cine, arquitectos buenísimos (véase Calatrava)… ¡ja! Al final, si realmente tienes un problema de agua, llama a un simple fontanero, no a un “técnico experto en problemas ocasionados por la conducción y/o canalización de fluidos”