DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas - Modales y educacion

La educación (modales) es ese pequeño y obligado esfuerzo que hace que los que nos acompañan se sientan mejor. No cabe duda que en sensu stricto tiene ciertos tintes obsoletos, pero entendemos que el mundo definitivamente iría peor si la obviáramos.

La educación decimonónica estaba cargada de formulismos que la hacían extremadamente compleja incluso para la época, por ello en el siglo XX fue degradándose y en el XXI casi ha desaparecido. Los tratados sobre educación y buenas costumbres que antes existían por doquier, hoy está claro que no servirían. Dicho esto, no significa que la total ausencia de normas sea mejor. Esbozaremos algunas situaciones que ocurren precisamente por esa falta de educación, que podríamos equiparar, de alguna manera, con falta de caridad o falta de la más mínima atención o respeto hacia los demás. (más…)

DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas - Machos y hembras

Resulta terriblemente manida la pregunta de qué fue primero, el huevo o la gallina, que todavía muchos casi pensantes suelen hacer en un tono más o menos jocoso. La solución es tan simple que resulta vergonzosa la respuesta, y no hace falta acudir a Darwin. Los primeros seres vivos unicelulares y protozoos (por cierto, el huevo es, de alguna manera, una célula grande) fueron evolucionando progresivamente… ¿Evolucionando?, ¿cuándo comenzó la evolución? Está harto probado que la partenogénesis fue el primer sistema reproductivo, es decir, los hijos eran igual que las madres, perdón, las hijas eran igual que las madres, las nietas igual que las abuelas. Los seres no necesitaban ningún contacto sexual y eran consecutivamente iguales que sus antecesores. Fue necesario un accidente, una alteración, un, por decirlo de alguna forma, error para que apareciese un elemento diferenciador. Este elemento innecesario, casi patológico, podría definirse aproximadamente como “macho”, algo tan inútil que en aquellos momentos no servía para nada, una alteración genética absolutamente prescindible. Luego, ¿qué interés tiene o qué puede aportar este denominado “macho”? Única y sencillamente aporta el error, aporta un mensaje genético lo suficientemente erróneo como para que las hijas no sean igual que las madres. Esto, más allá del propio error, lleva a un mundo de nuevas mutaciones, a un mundo tan lleno de error en las copias que cada copia es única y distinta. (más…)

DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas -Las Sobrevaloraciones

Tenemos ciertas dudas sobre si este capítulo debería titularse “injusticias”, pero al fin y al cabo poco importa. La justicia entra también dentro de las cuestiones sobrevaloradas. Tanto a nivel individual como colectivo, tanto en tiempo remotos como en los presentes, la importancia de las cosas ha sido siempre periférica, no de las cosas en sí. Es decir, poco importa cualquier valor si el entorno de lo valorado no se lo da.

Vamos más que nada a enumerar lo que consideramos que cumple estos requisitos, acompañando a cada sobrevalor lo injustamente infravalorado, puesto que toda sobrevaloración siempre usurpa valores ajenos. Así, en literatura hay dos grandes autores, Shakespeare y Cervantes, de tal manera que es prácticamente pecado no haberlos leído, ¿son realmente los mejores de todos los tiempos?, ¿es El Quijote la mejor de todas las novelas? Sinceramente, no. En arte ocurre ídem de ídem y están sobrevaloradas La Gioconda, El David, Las Meninas, Van Gogh, etc. No obstante, estas sobrevaloraciones no son injustas, lo son mucho más a medida que vamos descendiendo en importancia. Así, el deporte está muchísimo más valorado que, por ejemplo, la ciencia; se valora mucho más a aquel que mete goles que ese otro que descubre algún remedio para cualquier enfermedad. Incluso es “mejor” meter goles que practicar cualquier otra disciplina deportiva o atlética. ¿Es realmente La Macarena una de las mejores canciones de todos los tiempos?

En la actualidad se valora más la fama que el talento y, así, es preferible salir haciendo el imbécil por televisión, haciendo gala de los más zafios comportamientos, que dedicarse con cierto éxito a la agricultura o a cualquier estudio más o menos profundo.

Nos educan ya en nuestra infancia a valorar más la belleza que la inteligencia y los niños prefieren ser guapos a honrados, de tal manera que un poco más crecidos, los modelos – bien llamados maniquíes- cobran más por pasear ropa que aquellos que la confeccionan.

No es necesario ningún tipo de talento ni la más mínima catadura moral para convertirse en un personaje admirado, basta con que el “populacho”, siempre dispuesto, aclame cualquier tipo de necedad.

En alguna reflexión atópica anterior ya hemos hablado de la desproporción entre el mérito y la percepción pecuniaria. La sociedad está (habiéndolo estado siempre) si cabe más confusa cada día en cuanto a las valoraciones; quizá de esto tenga la culpa el bombardeo informativo al que estamos siendo sometidos, pensando que la pluralidad es más o menos positiva e ignorando que es únicamente eso, pluralidad: cuantos más mensajes nos bombardeen no significa que tengamos más información, y cada medio de comunicación nos transmite lo que le es conveniente, no lo que nos es conveniente a nosotros, de tal manera que este exceso abstruso de mensajes es una forma de “aborregamiento”. En los medios va triunfando y se van valorando unos personajes, mensajes y noticias que nunca, volvemos a repetir, tienen relación con su verdadera valía, en definitiva, están sobrevalorados.

Están sobrevalorada la política y los políticos y todo lo que ello representa. Como también dijimos en una reflexión anterior, está muy sobrevalorada la democracia, como si realmente existiera.

El símbolo de la justicia siempre ha sido el personaje de una mujer con los ojos vendados y una balanza. De ahí que la valoración es imprescindible para la propia existencia de la justicia, en la balanza no se ha de poner más en un platillo que en el otro, puesto que si no se desequilibraría. La sobrevaloración es tan exagerada a veces, que está todo en el mismo plato.

Dicen que el ser humano valora las cosas realmente cuando las pierde. Así, reconocemos los valores de nuestros familiares cuando éstos se han muerto; valoramos nuestra salud cuando la perdemos y mientras la tenemos nos pasa desapercibida; valoramos la bondad de unos cuando otros nos hacen daño y tendemos a valorar más las cosas en pretérito que en presente, incluso las valoramos más en futuro. Así nos hacen ilusión algunos objetos hasta que los poseemos, y una vez poseídos no nos ilusionan de igual manera. Hasta los ingleses dicen que siempre es más verde el césped del vecino.

Un padre le pregunta a su hijo qué quiere ser de mayor y éste le responde, sin dudar: “imbécil, quiero ser imbécil”. El padre se sorprende y le pregunta por qué, a lo que el hijo contesta: “papá, siempre estás diciendo ¡mira ese imbécil qué mujer tiene, qué coche tiene, ¡qué ropa lleva!…” En la misma línea se ha escuchado a un señor decir “¡qué mala suerte tengo!, he salido al mar y se me ha estropeado el yate, cojo el Ferrari y también se avería, intento viajar al extranjero en mi jet y enferma el piloto, ¡qué mala suerte tengo!”. Existe un proverbio, al parecer árabe, en el que un señor se cae a un pozo, en el fondo hay serpientes, sus manos sangran de agarrarse al borde y, para colmo, le cae encima un panal de abejas enfurecidas que empiezan a picarle; pero, en entonces una gota de miel cae sobre sus labios y exclama “¡qué rica está!”

DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas - Viajar - Viaja Asturias con DeLaQue

Viajar consiste en desplazarse, otra cosa es el motivo. Trataremos aquí únicamente, y para evitar malos entendidos, del viaje aparentemente turístico.

Se puede viajar sin ir a ningún sitio, incluso turísticamente hablando, pero tampoco se trata de hacer un hoyo en el suelo a base de profundizar. A lo largo de la historia, si no la mayoría sí gran parte de las obras literarias se han hecho acerca de los viajes. Estos no se entendían como turísticos porque de aquella, evidentemente, el turismo no existía. Así, La Odisea, La Eneida, El Quijote, Miguel Strogoff, las obras de Julio Verne… y no tan últimamente Viaje a la Alcarria, La pasión turca… En nuestro mundo, el viaje turístico se ha tornado en hortera, sencillamente ha desaparecido. Todos los sitios son iguales, hemos descubierto al mismo camarero sirviéndonos café en un área de servicio de autopista a lo largo de miles de kilómetros por Europa; hemos comido las mismas arepas con la misma pulsera y la misma camarera, esta vez con un ligero color, a lo largo de todo América y parte de Asia; nos han recibido tribus supuestamente primitivas en todos los continentes a cambio de la moneda pertinente y hemos pagado por las fotos con el chamán de turno.

Hoy existe una ventana por la que se viaja, que es la televisión. Desgraciadamente se va siempre al mismo sitio, vayas donde vayas te están esperando y encuentras amigos, por supuesto interesados. Hoy importa más la lejana lontananza que el próximo conocimiento. Se viaja para enseñar, hasta hace poco diapositivas, hoy fotos digitales, a los amigos próximos, que han de sufrir el viaje ajeno como parte sub-rateada del prestigio social que esto conlleva. Cancún, Sheychelles, Sri Lanka, India… no dejan de ser tópicos y lugares comunes a donde todo el mundo viaja y nadie realmente va.

Si hiciéramos una encuesta, pocos serían capaces de decirnos más de diez ubicaciones en una periferia cercana, y sin embargo, exhiben en sus casas la botella de mamajuana, el tibor de China, la daga asiática e infinidad de recuerdos, como ya hemos dicho, horteras, tallados y realizados por supuestos indígenas, cual si fueran tesoros únicos.

El viaje ha pasado de ser conocimiento a ser presunción, todos vamos a donde van los demás y es más fácil encontrar vecinos en el extranjero que en tu propio rellano. El consumismo se ampara en el pseudoprestigio de viaje cuanto más lejano mejor; el exotismo se ha tornado en algo anhelable y cuanto más absurdo mejor. Se aceptan costumbres y se ahonda en conocimientos superficiales, en la mayoría de los casos reinventados, que buscan la sonrisa, el placer y, sobre todo, el dinero del guiri.

Tradicionalmente España era receptora, hoy somos “superiores”, hoy viajamos, sobre todo a destinos de postal, es decir, que sólo permiten escribir cuatro líneas por detrás. Los españoles nos sacamos fotos intentando enderezar la torre de Pisa, tomando una piña colada o al lado de un indígena cuanto más oscuro mejor, y hacemos de esto un acto de prestigio personal. El 90% de las improntas fotográficas personales son: si es en tu lugar de procedencia, comiendo, como si nadie más comiera, y si es fuera, viajando, delante y tapando parte de algún que otro edificio o paisaje emblemático, como si nadie más hubiera viajado. Desgraciadamente, cuanto más viaja la gente, a menos sitios va.

La globalización no tiene más que dos líneas y las dos son meramente comerciales. Hoy es posible comprar en El Corte Inglés tallas en ébano más auténticas que en el corazón de África, cuencos chinos más chinos que en la propia China y así sucesivamente. Pensamos que el viaje, sobre todo del que estamos hablando, el turístico, ha de disfrutarse desde el primer metro y ha de optarse por un destino, más que nada por aquello de la direccionabilidad y, como el yogur, ha de tener tropezones, al que no le gustan los tropezones también sirve con gusto a algo, a lo que sea. Y el mejor viaje siempre será aquel en el cual el destino no llegue a alcanzarse por interrupción voluntaria del itinerario previsto.

Estamos tan a favor del viaje que nuestra apuesta va por el viaje diario y, si nos apuran, por el viaje horario. Tomarse cada paso como un viaje de cercanías puede que nos ayude a viajar mejor.

Resulta altamente vergonzoso observar a guías de viaje alzando el báculo, banderola… delante de reatas turísticas a las cuales sólo falta decir “beeeeeee”, dando supuestas lecciones de historia que a pocos de los que concurren interesa y, por cierto, este/a mismo/a guía siempre se acuesta con el/la viajero solitario, cuando no con el/la acompañado.

Postdata: a los amigos que se conocen en los viajes se les promete con enorme efusividad un contacto próximo que rara vez llega a producirse. El cambio casi hormonal que se produce en los viajes es altamente positivo, sólo tiene la gran contraindicación del desprecio de lo cotidiano.

Viajar o no viajar no es en la actualidad una cuestión ni de inteligencia ni de bonhomía, es sencilla y vulgarmente una cuestión de buena economía, la cual se procura refregar al prójimo. El disfrute en los viajes tiene la misma frecuencia que en la vida cotidiana, lo que pasa es que en los viajes la insatisfacción siempre se disimula.

DeLaQueDiario - Reflexiones atópicas - Animales

Se ha dicho que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero más bien resulta todo lo contrario, es el hombre el que se erige en ídolo a imitar, de tal forma que todo aquello que nos rodea tiende a ser humanizado, como no podría ser de otra manera, puesto que nosotros somos los que analizamos.

Esta humanización se hace muy ostensible en cuanto a los animales, otorgándoles unas propiedades y unos comportamientos que son propios exclusivamente de hombres y no de ellos. Así, por ejemplo, al león se le otorga nobleza y el papel del villano corre en este caso a cargo de la hiena, cuando si analizamos sus comportamientos y si obráramos en justicia, se invertirían los términos. ¿Por qué se produce esto? Por una sencilla razón que es uno de los mayores errores humanos: el hombre siempre ha confundido la ética con la estética. Así, los animales con mejor aspecto pasan a tener una mayor valoración, no se puede comparar la hermosa melena de uno de los felinos más vagos con la grupa caída y el aspecto desaliñado de un simple cánido que ha de cazar en grupo y alimentarse en ocasiones de carroña.

Esta confusión entre ética y estética se produce también en cuanto a la supuesta inteligencia de las bestias. Así, resulta más inteligente el caballo que el burro, simplemente por su aspecto. Igualmente el resto de los valores están tintados de una más que profunda confusión estética, a saber, la paloma es el símbolo de la paz, simplemente por el hecho de hacer poco más que comer y excrementar. La gaviota fue considerada símbolo de la libertad, cuando hoy depende de las basuras humanas. El zorro es traidor, puesto que procura, con buen criterio, ocultarse del hombre. El lobo es malo, sin embargo la madre de Caperucita, esa insensata que manda a su hija sola a través de un bosque peligroso en lugar de ir ella misma, es una santa.

A los animales que en su lucha por la supervivencia vencen al hombre, son malos y no se les otorga ninguna nobleza, véase ratas, insectos, cucarachas…, sin embargo aquellos cuya fragilidad vital y su escasa capacidad de adaptación al medio por sus limitadísimas dietas o por sus propias debilidades, son tratados con un total y absoluto proteccionismo, véase osos, pandas, koalas…

Los méritos que se atribuyen a otros son la facilidad para hacernos la pelota, así el perro es el mejor amigo del hombre, sencillamente porque mueve la cola cuando se acerca su dueño. El gato, aún gozando de buen predicamento, nunca es colocado por encima porque sólo deja que lo alimenten y rasquen y además no obedece de la misma manera. Un ejemplo exagerado lo encontramos en el correcaminos y el coyote de los dibujos animados. El primero sólo corre, puede que sea un gran deportista, sólo de la velocidad, que, por otra parte parece ser congénita, sin embargo el coyote es todo un creador, se pasa las horas trabajando en inventos y argucias que le permitan comer, pero fracasa incluso ilógicamente. El cuervo y, en general, todos los córvidos son aves inteligentes; como son negros son asociadas con el mal. La urraca, al tener algunos trozos blancos y, pese a ser considerada ratera, tiene mejor predicamento. El buitre es quien es y el búho es sabio únicamente porque tiene los ojos grandes.

Muchas personas se niegan a comer conejo, burrito, cerdito y, en occidente, perro, no negándose a comer, por ejemplo, pollo en un puro alarde de racismo. Las serpientes, pese a no tener brazos ni piernas no son tratadas precisamente como minusválidas y aquí las barreras se les ponen al revés: dan tanta repulsión las venenosas como las que no lo son.

A estas alturas podríamos seguir hablando de animales pero no sabemos si os dais cuenta de que no estamos hablando exactamente de animales. Sirva lo anterior como reflexión y otorguemos a cada persona que conozcamos las características de un animal, pero a la inversa, es decir, ¿por qué es innoble, porque se parece a la hiena?, ¿notáis alguna similitud entre Cristiano Ronaldo y el correcaminos?, ¿por qué nuestro vecino que no nos saluda es un zorro?

Especialmente a la hora de adjudicar defectos nunca los contrapesamos con los nuestros y en todo comportamiento ajeno no incluimos nuestra parte proporcional de culpabilidad. Cuando cometemos errores, tenemos una natural tendencia a adjudicarlo a algo y, sobre todo, a alguien, cuando en la mayor parte de los casos el mayor porcentaje nos corresponde a nosotros mismos. Valoramos en muchas ocasiones de forma interesada y las apariencias están demasiado presentes en nuestra sociedad.